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5 lecciones poderosas que me ha enseñado el emprendimiento

El desarrollo personal y el emprendimiento van de la mano, no hay duda al respecto. Es más, me atrevo a decir que no podemos emprender con éxito si no llevamos a cabo una revisión constante de nuestra evolución personal.

En el retador viaje del emprendimiento, desafiamos nuestras creencias, ampliamos nuestras habilidades y salimos inevitablemente de nuestra zona conocida. Creíamos que iba a ser fácil, pero no lo es. Es incómodo. 

Sí, emprender es incómodo, pero nos enseña lecciones poderosas que nos moldean como personas y nos convierten en mejores profesionales. Si sabemos aprovecharlas, claro. 

A continuación, te comparto las 5 lecciones que me ha enseñado a mí el emprendimiento y que me han permitido convertirme en una mejor versión de mí misma. 

Índice de contenidos

1. Soltar el perfeccionismo.

Lo primero que pensé antes de lanzar mi negocio fue: «tiene que ser perfecto». Así que me enfoqué en estructurar el mejor programa de Coaching, diseñé una página web que pareciera profesional, definí el embudo de venta e invertí mucho tiempo en mejorar la estética de mi feed de Instagram. 

El problema es que, a lo largo de todo ese proceso, me olvidé de algo importante: conversar con potenciales clientes y validar mi propuesta de valor.

Con el tiempo, cuando empecé a soltar el mejor hecho que perfecto y me permití fluir mientras conectaba de verdad con mis clientes potenciales, me di cuenta de que tenía que volver a empezar el proceso desde el principio. Nada de lo que había construido (el programa, mi web, los contenidos en redes sociales, etc.) resultó ser perfecto, porque aún no cumplía con las necesidades reales de mis clientes. 

No, la perfección no nos ayuda a hacer las cosas mejor. La acción sí. 

Aceptar que la perfección inicial es ilusoria me liberó para avanzar, aprender y reajustar mi negocio. El éxito en el emprendimiento radica en la acción y en la capacidad de evolucionar constantemente.

Otra lección aprendida: no empieces la casa por el tejado. 

2. Ser más compasiva conmigo.

Al principio de mi emprendimiento, me dejé atrapar por la obsesión de querer trabajar todo el tiempo, hasta tal punto que le dedicaba siete días a la semana y doce horas al día a mi negocio. Y aún así, sentía que no era suficiente.

Esto me pasaba por machacarme constantemente por no alcanzar las exigentes metas que me había establecido y por compararme todo el tiempo con los demás (pensando que ellos eran más exitosos haciendo menos que yo).

Me repetía a mí misma:

✗ No estás haciendo lo suficiente.

✗ Si quieres avanzar, tienes que sacrificarte.

✗ No puedes permitirte fallar.

✗ Los demás son mejores que tú.

✗ ¿No te das cuenta de que no vales para esto?

Este enfoque perjudicial me llevó al borde del agotamiento, apenas unos meses después de haber comenzado. 

A partir de esa experiencia, aprendí a valorar mi tiempo y mi bienestar, y a establecer metas realistas, sin comparaciones ni obsesiones.

Entendí lo importante que es ser más amables y compasivas con nosotras mismas, y utilizar un lenguaje que sea empoderador. Debemos cuidarnos y motivarnos como lo haríamos con las personas que más apreciamos. 

3. Valorar más el avance que el ritmo.

Debido a mis elevados niveles de perfeccionismo y autoexigencia, he estado experimentando a menudo una sensación de estancamiento, como si siempre estuviera en el mismo punto.

De hecho, cada vez que alguien me preguntaba en qué momento de mi emprendimiento me encontraba, siempre decía: «estoy todavía comenzando». La eterna fase inicial. Seguro que sabes de lo que hablo. 

Lo que ocurría es que seguía mirando mis metas más lejanas y lógicamente terminaba pensando: «aún no lo he conseguido». Para mí, la idea de ir despacio no era una opción. Todo lo quería ya, ahora, en seguida. Quería resultados inmediatos, como si el emprendimiento fuera cosa de dos días.

Sin embargo, me di cuenta de que el verdadero éxito no se trata de la rapidez con la que alcanzamos nuestras metas, sino del progreso constante que logramos en el camino. Aprendí a valorar cada pequeño logro, cada paso adelante, por pequeño que pareciera.

Ahora reconozco que el proceso de emprender es un viaje en el que el crecimiento gradual y sostenible es lo que realmente importa. Sin prisas, pero sin pausa. 

4. Actuar, actuar y actuar.

Si hace falta, lo repito una cuarta vez: actuar. 

Y es que cuando empecé con mi emprendimiento, yo hacía todo lo contrario. Esperaba y posponía todo, mientras me hundía en un mar de inseguridades: «espera, todavía no», «no estoy preparada aún», «no es el mejor momento». Antes de dar cualquier paso, quería sentirme totalmente confiada. 

Hasta que descubrí que la confianza no era lo que pensaba. Creía que la confianza era sentirme 100% segura antes de dar el paso hacia lo desconocido, pero esto es sencillamente imposible. Nunca podremos deshacernos de las dudas y las inseguridades cuando estamos a punto de hacer algo por primera vez (o por segunda o por tercera). 

La verdadera confianza es decidir intentarlo con la certeza de que, pase lo que pase, sabremos cómo gestionarlo.

Después de posponer continuamente las decisiones que sabía que serían beneficiosas para mi negocio (un directo en Instagram, un reto gratuito, una colaboración, etc.) por falta de confianza, decidí tomar las riendas. «Lo voy a hacer igualmente».

¿Sabes qué pasó después de actuar? Me sentía más confiada y motivada para dar el siguiente paso. Y es que sí, la confianza es un resultado de la acción, no es la causa.

5. Cultivar la paciencia.

Como me dijo un mentor: «todo necesita un período de prueba». Pretender tenerlo todo resuelto al primer intento (la visibilidad, el engagment, el cierre de ventas, los ingresos, etc.) no es un objetivo realista. Pero claro, yo lo aprendí a fuerza de golpes y frustraciones. 

Me frustré cuando mi primeros Reels no tuvieron apenas visualizaciones. Me enfadé cuando mis primeras inversiones no dieron los resultados esperados. Me desesperé cuando no conseguí vender ni un solo programa en mi primer lanzamiento. «¿Por qué no me funciona?». «¿Será que el problema soy yo?». «Lo estoy haciendo todo mal». De nuevo, falta de autocompasión, pero además, también falta de paciencia.

Cuando empecé a compartir mis frustraciones con otros emprendedores, descubrí que era un sentimiento muy común. Los compañeros que llevan más tiempo en el camino me compartieron que a ellos les pasó lo mismo, pero que con el tiempo entendieron que el emprendimiento se cuece a fuego lento. Como con las mejores recetas, requiere tiempo y dedicación. 

Ahora, cuando las cosas no van tan rápido como me gustaría, cuando los resultados tardan en llegar, he aprendido a respirar profundamente y a confiar en el proceso.

El emprendimiento me ha enseñado a ser una persona paciente, constante y perseverante. 

Conclusión:

El emprendimiento no es sólo un camino material, en que el construimos un negocio para generar dinero. El emprendimiento es un constante aprendizaje, un proceso continuo de desarrollo personal que nos convierte cada día en mejores personas. Siempre y cuando estemos dispuestas a hacer el trabajo correspondiente. 

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